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Se trata de desarrollar
la capacidad de autoevaluación
del alumno:
aprender a verse a sí mismo

FILOSOFÍA Y PEDAGOGÍA


  ·
NUESTRA FILOSOFÍA
  · PEDAGOGÍA DE LA PSICOTERAPIA HUMANISTA
LA EVALUACIÓN

LA EVALUACIÓN

El problema de la evaluación
El psicoterapeuta necesita desarrollar un saber ser, es decir un conjunto de actitudes específicas que permiten generar una relación terapéutica sanadora.

¿Pero cómo evaluar este saber ser? ¿Cómo evaluar la capacidad terapéutica de una persona? La única respuesta coherente con nuestro marco filosófico es: ¡no hay manera! No puede existir una evaluación desde afuera del futuro terapeuta.

Si creemos en la intersubjetividad de la relación psicoterapéutica, si creemos que lo que pasa entre paciente y psicoterapeuta es un encuentro único y totalmente subjetivo, entonces una evaluación externa no tiene sentido. Por lo tanto, y con la inquietud de mantener nuestra coherencia epistemológica, no tenemos sistema de calificación en ninguno de nuestros entrenamientos o cursos.

Ningún sistema de evaluación externo
es coherente con la Terapia Gestalt

La psicoterapia humanista promueve la responsabilidad individual y la madurez. Ahora bien, se sabe que cualquier sistema de evaluación por parte de una autoridad externa sólo lleva a un estado de regresión infantil con sentimientos y conductas ligados, como angustia, parálisis emocional, bloqueos intelectuales, resistencias al aprendizaje, frustración y enojo, pereza, actitud de competencia, vergüenzas y miedos, etc.

Esto va totalmente en contra de la atmosfera de aprendizaje que queremos crear dónde la libertad de ser es fundamental para que se dé un proceso de aprendizaje significativo. Generalmente, cualquier sistema de calificación o evaluación externa genera conductas infantiles. Una de ellas es la deresponsabilización del estudiante.

Cualquier evaluación externa, positiva o negativa,
es un juicio sobre el otro y genera vergüenza

A final de cuenta, una calificación es un juicio. Bien/mal. Otra vez estamos cayendo en esta polaridad maniqueísta, misma que intentamos deshacer en psicoterapia y en la formación, pues esta dicotomía es sin duda una de las más dañina y enfermiza para el ser humano.

¿Cómo podemos enseñar el no juicio y la no evaluación a nuestros estudiantes si al mismo tiempo los evaluamos, emitiendo juicios, que sean negativos o aún positivos?

Hacia la autoevaluación
El juicio lastima. Y no solamente la psicoterapia humanista busca sanar este tipo de heridas generadas por las humillaciones del juicio, pero además, como centro educativo, queremos formar personas maduras, es decir personas que tienen su propia brújula y que desarrollan su propia ética más allá del dualismo bien/mal.

Consideramos de suma importancia que los estudiantes desarrollen su propio centro de evaluación interno, es decir que dejen de buscar afuera validación y confirmación de sus conductas. Pues, para la psicología humanista, la clave del crecimiento está en pasar de un lugar de evaluación externo (deberes, prejuicios, introyectos) a un centro de evaluación interno (los propios criterios del yo real).

La autoevaluación es parte del proceso
del aprendizaje mismo

¿Entonces? ¿Cómo saber cuando una persona está lista para ser psicoterapeuta? La única persona que puede evaluar su capacidad terapéutica, es el estudiante mismo. Sólo tú sabrás, en su momento y en tu fuero interior, cuando te sientas preparado(a) para dedicarte al acompañamiento psicoterapéutico. Ninguna otra autoridad te puede avalar como psicoterapeuta. Como decía Jaques Lacan, el psicoterapeuta "sólo se puede autorizar de sí mismo".

Regresando al tema de la responsabilidad individual, no podemos decidir cuando un estudiante está listo para ser psicoterapeuta o cual es su grado de preparación. Sólo el estudiante sabe si estás maduro(a) para acompañar a otros en su proceso de crecimiento.

De ahí la importancia de aprender
a evaluarse a si mismo

La consecuencia concreta de esta postura es que ningún instituto, ninguna autoridad, ningún papel o diploma, te puede avalar como psicoterapeuta. El titulo no hace el psicoterapeuta. Por ello, los diplomas que entregamos al final sólo atestan de la formación que recibiste con el número de horas.

Sin embargo, si no existe evaluación externa, sí es de suma importancia que los alumnos desarrollen su capacidad a autoevaluarse. En el secreto del consultorio, el psicoterapeuta no recibe ninguna retroalimentación acerca de su trabajo. Por lo tanto, es esencial que desde su entrenamiento, el futuro terapeuta aprenda a calificarse con honestidad para que después, en su práctica, siga con esa habilidad de verse a sí mismo y evaluar su trabajo en sesión. Nuestra labor como psicoterapeuta nos obliga a estar en un constante proceso de autoevaluación.

La autoevaluación es un proceso
Este proceso de autoevaluación es más complejo que parece. Pues implica que el estudiante desarrolle tres cualidades fundamentales:
· Conciencia y honestidad consigo mismo (verse a sí mismo con claridad y honestidad)
· Actitud de apertura para recibir retroalimentación por parte del entorno (no solamente se trata
  de la retroalimentación de los compañeros de clase o de los pares, sino que también,
  se trata de la retroalimentación más sutil que viene de los familiares, los amigos,
  las circunstancias de la vida…)
· Capacidad para hablar acerca de su práctica desde una actitud no defensiva y entablar
  un diálogo constructivo acerca de ella con un compañero, maestro o supervisor.

Una de las criticas que generalmente se hace en contra de nuestra postura es el riesgo que un psicoterapeuta incapacitado o inhábil pueda dañar a su paciente. Este riesgo es real. De hecho, el debate es tan viejo como el psicoanálisis, pues es la cuestión eterna de la evaluación de la psicoterapia.

Pero la pregunta es: ¿Tiene más garantía un psicoterapeuta recién egresado que ha sido evaluado constantemente a lo largo de su entrenamiento y que termina con un promedio de 8/10? ¿La evaluación institucional proporciona alguna garantía acerca de lo que hace un psicoterapeuta atrás de la puerta de su consultorio?

Si necesitamos un sistema de evaluación para tranquilizarnos, es que no confiamos en la capacidad del individuo para evaluarse, medirse, saber lo que es bueno para él. Significa que no confiamos en la autorregulación organísmica. Significa que no creemos realmente que el psicoterapeuta constituye un campo organismo/ambiente que se regula de forma natural y que no hay necesidad neurótica de intentar controlarlo.

En realidad, no hay nada que temer porque hay que recordar que el hecho de convertirse en psicoterapeuta es el resultado de un largo proceso de maduración personal que abarca generalmente:
· El deseo genuino de acompañar a otro ser humano en su proceso de crecimiento;
· Una reflexión profunda sobre sus motivaciones para este trabajo;
· Un compromiso fuerte con la psicoterapia y el crecimiento personal;
· La sensación interna y genuina de estar lo suficiente preparado y apto para
  dedicarse a la psicoterapia;
· Sentirse con un yo suficiente sólido y arraigado para poder atender a pacientes
  en situación de vulnerabilidad y/o fragilidad;
· Un proceso largo y serio de psicoterapia personal;
· Buenos conocimientos teóricos y cultura general;
· Una reflexión acerca de la ética de la profesión y una adhesión sin restricción
  a nuestro código de ética;
· Una supervisión constante de la praxis.

Recordamos que el psicoterapeuta
está en un campo organismo/ambiente
que se regula de forma natural.

 

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